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Publicaciones sobre Herencias

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La fiscalidad de las herencias para los herederos que residen fuera de España.

El año pasado la Unión Europea, a través del Tribunal de Justicia, dictó una sentencia que obligaba a España a modificar el Impuesto de Sucesiones y Donaciones. Hasta ese momento, cuando el heredero residía fuera de España tenía que pagar el impuesto según la ley estatal, no la autonómica.


Teniendo en cuenta que muchas Comunidades Autónomas prevén exenciones o bonificaciones, y el Estado ninguna, eso provocaba situaciones injustas entre herederos de un mismo causante (persona cuya herencia se transmite). Por ejemplo: muere la madre de dos hermanos, de los cuales uno vive en Málaga, mientras que el otro se fue a vivir a Berlín. Al primero se le aplicaría el impuesto andaluz; al segundo, el nacional.


Con carácter general, el impuesto que estamos tratando está cedido a las Comunidades Autónomas, pero a nivel estatal existía una regulación, fundamentalmente para los casos de los no residentes.
Tras la sentencia de la Unión Europea, nuestro país se ha visto obligado a modificar esa regla. Ahora, el heredero residente en otro Estado de la Unión podrá elegir entre que se le aplique la legislación autonómica o la nacional. En este punto es normal que se pregunte, ¿la normativa de qué Comunidad se le aplicará?


El legislador ha optado por el siguiente criterio: se recurre a la regulación del impuesto de sucesiones de aquella Autonomía en la que radique la mayor parte del patrimonio del fallecido. De esta manera, los herederos que concurran a una misma herencia no serán tratados de manera tan dispar. El impuesto se pagará al Estado, pero aplicando lo dispuesto para el impuesto en la Comunidad correspondiente.


Tenga en cuenta que, mientras que hay Comunidades en las que apenas se tributa por el impuesto, al menos en algunos casos, en otras se puede llegar a pagar un porcentaje muy elevado de lo percibido. En ese sentido, Andalucía y Murcia son las que presentan tipos impositivos más elevados.


Sin embargo, la reforma no ha sido bien recibida por todo el mundo. Precisamente las Comunidades Autónomas en las que el impuesto es mayor, han objetado que a partir de ahora podría producirse un trasvase de capitales hacia aquellas en las que se paga menos por el impuesto.


También es destacable el caso de algunos abogados, especialistas en herencias, que han animado a sus clientes a reclamar al Estado, para que éste les devuelva el exceso que pagaron en su día, cuando se les aplicó la normativa estatal, y no la autonómica, como sucederá a partir de ahora.

Los Abogados especializados en herencias son los profesionales que se dedican a asesorar sobre las directrices por las cuales debe llevarse ...

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¿Cómo disponer del patrimonio propio? Estudio de las sucesiones. Testamentos

Cualquier persona puede decidir cómo disponer del patrimonio propio, es decir, qué hacer con todos sus bienes y derechos. De su voluntad dependerá qué personas los reciben y en qué cantidad. Pues bien, este procedimiento puede hacerse de dos maneras: repartiendo sus bienes en vida, a través de donaciones, o redactando un testamento, que producirá efectos tras su muerte.


Aquí vamos a centrarnos en la segunda de las opciones, esto es, en las disposiciones mortis causa, que no se aplican sino cuando muere el titular del patrimonio.


A la hora de redactar el testamento es interesante acudir a un abogado que le asesore y oriente acerca de los aspectos que ha de tener en cuenta. La fiscalidad puede ser objeto de análisis, ya que dependiendo de la Comunidad Autónoma donde resida el testador, futuro causante, se pagará más o menos por el Impuesto de Sucesiones y Donaciones.


Otro elemento imprescindible del testamento es el respeto de la legítima de los herederos forzosos. Tienen esta condición los descendientes (hijos, nietos…), los ascendientes (padres, abuelos…) y el cónyuge del difunto, aunque este último no recibirá una porción de bienes, sino el usufructo de una parte de la herencia (el usufructo da derecho a utilizar las cosas y a percibir los rendimientos que produzcan).


En cuanto al acto de última voluntad en sí, el testamento, más allá de algunos tipos especiales (militar, marítimo, en caso de epidemia, etc…), utilizados para supuestos muy particulares, podemos distinguir tres clases: abierto, cerrado y ológrafo.


El testamento abierto se otorga ante Notario; puede acudirse con el documento ya escrito o solicitar su redacción a los oficiales de la Notaría. Después será leído por el Notario en su presencia, para comprobar que usted está de acuerdo con todos sus apartados y que éstos cumplen la ley. No será necesario que haya testigos, salvo cuando el testador no sepa leer o firmar.


El testamento cerrado, por su parte, se otorga de la misma manera que el abierto, pero con una diferencia fundamental: sólo el testador conoce su contenido. El Notario lo único que hace es sellar y firmar el sobre en el que se ha guardado la última voluntad del interesado. Hasta que éste fallezca nadie sabrá qué dispuso.
De estos dos testamentos, el abierto y el cerrado, queda constancia en el Registro de Actos de Última Voluntad, de manera que si los herederos solicitan una certificación de dicho Registro, una vez fallecido el causante, tomarán conocimiento de la existencia del testamento (si no la tenían ya).


Por último, el Código Civil permite hacer testamento de una manera mucho más sencilla, sin apenas formalidades: se puede hacer el testamento en casa, sin acudir a la Notaría. Es lo que se conoce como testamento ológrafo. Para su validez deberá estar escrito a mano y firmado por el testador. Asimismo, si hubiera tachaduras o correcciones, éstas deberán estar salvadas con su firma.


A pesar de lo fácil que es otorgar este testamento, sin embargo, presenta algunas desventajas con respecto a los otros dos (abierto y cerrado). Como nadie validó su legalidad, tendrá que solicitarse su protocolización por los herederos, iniciándose un procedimiento ante el Juez, que será el encargado de declarar su legitimidad. Con esta finalidad se solicitará la declaración de tres testigos que conocieran la letra del difunto; en su defecto, se requerirá a un perito que lleve a cabo el cotejo pericial de letras.


Como ha podido comprobar, son muchas las opciones que el ordenamiento jurídico pone a su disposición para que elija cómo disponer del patrimonio propio. De usted depende elegir la que más se ajuste a sus intereses, que muchas veces se limitarán a evitar disputas entre los herederos.

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Sucesiones y herencias: La fiscalidad de las herencias.

La herencia siempre puede ser contemplada desde dos perspectivas opuestas: la del causante, cuyo patrimonio va a ser repartido entre los herederos, y la de estos últimos, sobre los que recaerá la obligación de decidir qué hacer con ella. Así, la cuestión de la fiscalidad de las herencias afectará directamente a los herederos. Sin embargo, el titular del patrimonio puede adoptar un papel activo e influir en la tributación de su sucesión (o de su patrimonio).


La amplitud de la capacidad de obrar de cualquier persona, reconocida por el Código Civil, permite que la disposición de sus bienes y derechos pueda realizarse de diversas maneras:


- Redactando un testamento en el que designe a sus herederos y legatarios.

- Sin testamento, dejando que sea la ley la que establezca el orden de llamamiento a los herederos y su porción hereditaria.

- La tercera opción no tendrá lugar tras la muerte de la persona, sino antes, durante su vida: podrá repartir sus bienes mediante donaciones.


En este último caso el donante no debe disminuir su patrimonio hasta el punto de que pueda peligrar la legítima de los futuros herederos forzosos.


El impuesto de sucesiones y donaciones está cedido por el Estado a las Comunidades Autónomas. Por eso no podemos reflejar aquí cómo está regulado en cada una de ellas, pero sí sentar unas directrices básicas que se siguen en casi todos los casos.


Lo primero que tiene que valorar la persona que quiera mejorar la fiscalidad de sus herederos o donatarios es calcular por qué impuesto se pagará más. Para ello puede acudir a un abogado experto en derecho tributario. Cuando lo sepa, podrá decidir qué le conviene hacer.


En ambos casos muchas Comunidades declaran exenta (o casi) del pago del impuesto la vivienda habitual.


El siguiente criterio esencial es el de la cercanía o grado de parentesco que existe entre el donante/causante y el donatario/testador. Si se trata de los hijos, los padres o el cónyuge, el porcentaje impositivo será muy reducido. Conforme el beneficiario se aleje en parentesco del disponente, el impuesto aumentará (considerablemente). De ahí que, fiscalmente, lo mejor sea dejar los bienes a los familiares más cercanos.


Por otra parte, la cantidad (donada, dejada en testamento) es otro factor determinante: las cantidades pequeñas (o los bienes de escaso valor) pagarán poco por el impuesto; pero conforme se eleve, se pagará bastante más.


Una opción aconsejable sería, por ejemplo, repartir el patrimonio entre todos los hijos, padres (si alguno existe todavía) y cónyuge, para así reducir la carga impositiva.


Para evitar la disgregación de empresas familiares, la legislación establece una tributación muy baja si se dejan a uno de los herederos. Es una disposición orientada a posibilitar su supervivencia.


En resumen, lo mejor que puede hacer es consultar con un abogado especialista en la fiscalidad de las herencias. Él sabrá elegir la mejor manera para pagar lo menos posible por estos impuestos en su Comunidad Autónoma.

Sucesiones y herencias: La fiscalidad de las herencias.
La herencia siempre puede ser contemplada desde dos perspectivas opuestas: la del causante, cuyo patrimonio va a ser repartido entre los herederos, y la de estos últimos, sobre los que recaerá la obligación de decidir qué hacer con ella. Así, la cuestión de la fiscalidad de las herencias afectará directamente a los herederos. Sin embargo, el titular del patrimonio puede adoptar un papel activo e influir en la tributación de su sucesión (o de su patrimonio).

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Herencias y sucesiones: Los herederos forzosos y su derecho a la legítima.

En principio, cualquier persona puede disponer de sus bienes como desee: puede comprar, vender, regalar dinero, etc… Sin embargo, cuando de la herencia se trata, parte del patrimonio (la legítima) de la persona está reservado por la ley en favor de determinados herederos, llamados herederos forzosos.


Por eso el testador sólo podrá disponer de sus bienes a su libre antojo cuando falten aquellos que tienen derecho a la legítima.


Son legitimarios de una persona sus descendientes (hijos, nietos…), sus ascendientes (padres, abuelos…) y su cónyuge. La peculiaridad de cada grupo es que la legítima será distinta en unos casos y en otros.


Por ejemplo, los hijos tendrán derecho a los 2/3 del patrimonio de sus padres, de los cuales 1/3 será de legítima estricta (debe dividirse entre todos los legitimarios) y el otro podrá destinarse a mejorar a cualquiera de los herederos forzosos. La tercera parte restante sí será de libre disposición, y podrá ser atribuida en el testamento a quien el causante quiera.


Por su parte, la legítima de los padres será la mitad de los bienes de sus hijos. Se exceptúa el caso de que el hijo estuviese casado en el momento de morir, en cuyo caso la legítima de sus padres se reduce a 1/3.


Por último, la legítima del cónyuge nunca consistirá en una porción de bienes, sino en el usufructo sobre porciones de la herencia. El usufructo viene a ser el derecho de obtener todo lo que los bienes produzcan (frutos, alquileres, intereses, etc…). Dicho usufructo será:


. De 1/3 de la herencia si hay hijos.
. De 1/2 de la herencia si no tiene hijos, pero sí suegros.
. De 2/3 de la herencia cuando el fallecido no tiene descendientes ni ascendientes.


Nadie puede ser privado de su legítima, salvo en casos extraordinarios:


- Haber cometido un delito contra el difunto.
- Haberle negado alimentos en situación de extrema necesidad.

Y otras conductas que, por su significación, reconoce la ley como aptas para desheredar al legitimario.


Sin embargo, si alguien, sin ampararse en ninguna causa legal, reparte sus bienes en testamento y no le deja nada al heredero forzoso (o le deja menos de lo debido), este tendrá derecho a pedir el complemento de su legítima.


Muchas veces, para realizar una desheredación encubierta, el interesado reparte sus bienes en vida, a través de donaciones, de manera que al fallecer no quedan dinero ni bienes suficientes para uno o varios de los legitimarios. Para evitar este fraude, el Código Civil establece que las donaciones deberán ser colacionadas. Esto quiere decir que las donaciones que hizo en vida se sumarán a la masa hereditaria para calcular la legítima de cada heredero.


Por eso se recomienda que las personas que sepan, o sospechen, que una parte considerable de la herencia fue repartida antes de fallecer su titular, se pongan en contacto con un abogado especialista en familia y sucesiones. Lo normal es que se pueda seguir el rastro del dinero que fue saliendo del patrimonio del fallecido, y así saber qué cantidades tendrán que colacionarse (añadirse a la herencia).


Son muy numerosos este tipo de comportamientos, y no siempre es fácil diferenciar entre pequeños regalos y donaciones dirigidas a minar la legítima de un hijo.

Herencias y sucesiones: Los herederos forzosos y su derecho a la legítima.
En principio, cualquier persona puede disponer de sus bienes como desee: puede comprar, vender, regalar dinero, etc… Sin embargo, cuando de la herencia se trata, parte del patrimonio (la legítima) de la persona está reservado por la ley en favor de determinados herederos, llamados herederos forzosos.

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Ventajas que supone aceptar la herencia a beneficio de inventario.

Cuando alguien es llamado como heredero a una herencia, bien porque así aparece designado en el testamento del fallecido o bien porque es a quien corresponde suceder al difunto según los términos de la ley, puede reaccionar de dos maneras: aceptándola o repudiándola.


La aceptación supone que el heredero sucederá a la persona del fallecido, tanto en los aspectos positivos de su patrimonio, como en los negativos. Téngase en cuenta que si por la muerte de alguien se extinguieran sus deudas, apenas habría relaciones económicas y jurídicas a largo plazo.


Gracias a los herederos, los derechos, las obligaciones y demás instituciones jurídicas subsisten más allá de la existencia de su titular, causante de aquellos. Hasta aquí una perspectiva del asunto, la de quien tenía negocios o deudas pendientes con la persona que murió.


Sin embargo, ¿qué opciones tienen los herederos? Al margen de rechazar la herencia, sería interesante saber qué tipos de aceptación existen. El ordenamiento jurídico, para promover que las herencias menos cuantiosas no sean siempre rechazadas, permite que la aceptación no sea siempre pura y simple, sino también a beneficio de inventario.
Asumir la herencia pura y simplemente significa que quien lo hace recibe todos los bienes y las deudas (en la porción que le corresponda como heredero, claro). Es como si, en la medida de lo posible, mantuviera viva la personalidad jurídica del difunto.


Por su parte, la aceptación a beneficio de inventario es mucho más ventajosa:


. El heredero sólo responderá de las deudas hereditarias con los bienes que integran la herencia, pero no con los suyos propios.


. En segundo lugar, no se confunden los bienes hereditarios con los del heredero; está perfectamente trazada su distinción.


. Por último, el heredero conserva contra el patrimonio del causante todas las acciones que tuviera contra el mismo (créditos, etc…).


Existen muchas dudas respecto a estos temas, que el abogado especializado en familia y sucesiones le sabrá responder.


Cabe otra posibilidad más: que el interesado solicite primero la formación de un inventario y después, cuando conozca el estado de la herencia, decida si la acepta o no. Una vez concluido el inventario tendrá 30 días para elegir lo que va a hacer. Si no se manifiesta dentro de ese plazo, se entiende que la acepta pura y simplemente.


Si surgen disputas entre los herederos o aquellos no se ponen de acuerdo acerca de cómo repartir algunos bienes, decidirá el Juez a través del procedimiento para la división de la herencia.


De manera que si usted tiene dudas sobre la solvencia económica de la herencia a la que ha sido llamado o, directamente, conoce su estado ruinoso, sepa que las leyes (el Código Civil en este caso) le conceden un gran margen de maniobra para afrontar esta situación.


Un abogado experto en herencias podrá orientarle con relación a todos los asuntos que aparecen implicados en el fenómeno sucesorio. También puede ser muy interesante su consejo en materia tributaria, puesto que el impuesto sobre sucesiones y donaciones está cedido a las Comunidades Autónomas y todas la mantienen, en mayor o menor medida.

Abogados Especialistas en Herencias y Sucesiones

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La renuncia a herencia desde una perspectiva práctica

El abogado de familia y sucesiones (o herencias) ha visto como la renuncia a las herencias ha aumentado.

En aquellos casos en los que el heredero, está absolutamente convencido de la situación hereditaria (conoce los bienes y la existencia de las deudas), es aconsejable aceptar dicha herencia. En otros casos será necesario realizar un inventario y analizar la posición financiera del fallecido. Tras ello, se calculan las deudas y se decide cómo aceptar, si puramente o con el beneficio de inventario.

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Motivos razonables para renunciar a una herencia.

A pesar de que generalmente todo el mundo identifica la condición de heredero como algo positivo, sin embargo, existen ocasiones en las que es inevitable renunciar a una herencia. ¿Por qué?



La herencia no sólo comprende los bienes y el dinero del difunto, también se incluyen en la misma sus deudas y cargas (hipotecas, préstamos, etc…). Una vez compensados los unos con las otras puede darse el caso de que el heredero, en vez de recibir, tenga que pagar a los deudores.



Esto es así independientemente de cómo se llegue a ser heredero. Hay tres formas de serlo: a través de un testamento; si no lo hay, el Código Civil establece el orden de los llamamientos a la herencia (es lo que se conoce como sucesión intestada o ab intestato); por último, hay que tener en cuenta las legítimas (porciones de la herencia que la ley reserva obligatoriamente en favor de determinados parientes: ascendientes, descendientes y cónyuge).


Por lo tanto, el heredero tiene dos opciones frente a la herencia: aceptarla o renunciar a ella. La renuncia también se conoce jurídicamente como repudiación. Es un acto que el heredero ha de realizar libre de toda coacción y sin poner condiciones.


Una vez hecha no puede volverse atrás, salvo en dos casos. El primero es que se demuestre que alguien ha obligado al heredero a repudiarla. Y el segundo, que posteriormente aparezca un testamento desconocido (en el caso de que la condición de heredero haya sido determinada por la ley).


La legislación española permite que el heredero, antes de decidir si quiere aceptar o repudiar, haga un inventario del patrimonio del difunto para saber en qué condición económica se encontraba. También reconoce la posibilidad de que se acepte la herencia a beneficio de inventario, lo que quiere decir que el heredero sólo pagará las deudas existentes con el dinero recibido, pero en ningún caso con el suyo propio.


Con respecto al plazo para renunciar a una herencia, durante los 9 días siguientes al fallecimiento el heredero no puede ser obligado a decidirse. Después, si algún interesado le requiere para que lo haga, el juez le señalará un plazo de 30 días para que manifieste su decisión.


En cuanto a los casos más habituales que se les presentan a los abogados, renunciar a una herencia por deudas es el más común, pero no el único. También es posible renunciar a una herencia en favor de otro.


El testador puede prever un mecanismo para solventar los problemas derivados de la repudiación; puede nombrar en el testamento un sustituto al heredero renunciante. Si no lo hizo, el ofrecimiento de la herencia se hará al siguiente pariente previsto por la ley, que tendrá las mismas opciones de aceptación o renuncia que el primero.

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